lunes, 4 de noviembre de 2013

Mi segunda reflexión

REFLEXIONES SEGUNDO CUATRIMESTRE El segundo cuatrimestre lo inicié en un instituto privado, luego de mi experiencia en el colegio anterior. En este caso escuché opiniones más favorables del alumnado, a las que no hice caso tampoco, pero era yo quien tenía determinados prejuicios por ser una escuela de instrucción religiosa. Al igual que con el anterior, no tenía ningún tipo de conocimiento de las prácticas educativas, y en este caso ni siquiera conocía las instalaciones del colegio. El curso que me tocó fue tercero y, a diferencia del anterior grupo, acá el número de alumnos me trajo cierta preocupación, eran 43. Las preocupaciones a las que hago referencia son, principalmente,a que me gustan o prefiero los interrogatorios didácticos y las exposiciones con interacciones y en este caso tenía la inseguridad de no poder llevarlos a cabo con tanta cantidad de alumnos, y lo otro que me preocupaba era el tema de la conducta dentro del aula. A diferencia de la primer experiencia, el alumnado era bastante más “ordenado” y era mucho más sencillo poder enseñar lo concerniente a la asignatura. La mayoría de los alumnos provenía de otros sectores de la sociedad, y no había tantos casos de carencias de algún tipo. La dificultad que si encontré en este caso, era que las condiciones edilicias del aula dificultaban por ejemplo el uso del pizarrón, ya que el aula era muy grande debido a lo numeroso que era el grupo y la disposición de la misma hacía que los que estaban de la mitad para atrás ,no vieran lo escrito en el pizarrón. Había también grupitos a los que tuve que separar porque estando juntos se dispersaban y dificultaban el desarrollo de la clase. Otro inconveniente que se me presentaba al ser muchos alumnos, era que cuando atendía alguna consulta particular había chicos que se desordenaban rápidamente. Pero debo agregar que he podido trabajar con todas las actividades propuestas, y de diferentes maneras, ya que han hecho actividades por escrito, escuchas de material de audio, lecturas grupales en voz alta y las interacciones entre ellos y yo eran bastante ordenadas, aunque he tenido que llamar la atención de vez en cuando. Noté también cierto nivel disciplinar en la mayoría de los alumnos, pero he observado o me ha parecido que es producto de un estricto orden disciplinar institucional. Eran bastante común las amenazas de apercibimientos o de amonestaciones ante la falta de conducta, lo que daba como resultado, para mí, el apego a algunas normas disciplinares por parte de los alumnos.

1 comentario:

  1. Se insiste en que “hay que aprender a aprender”, pero no hemos de olvidar que hay que enseñar a aprender. Alguien ya dijo que enseñar es dejar aprender. Y ese dejar no es una pasividad, es una creación de posibilidades propias para cada cual, apropiadas. En realidad, ello distingue al buen profesor, al buen educador. Tener un maestro, disfrutar de la dicha de un buen maestro es un regalo de la vida .

    ResponderEliminar