lunes, 4 de noviembre de 2013

Mi primera reflexión

REFLEXIONES ESCUELA PRIMER SEMESTRE Arranqué las ayudantías en una escuela de educación media con orientación técnica sin ningún prejuicio, sin nunca haber tenido contacto con las prácticas educativas de esa institución, pero sabiendo, por comentarios de ex alumnos, que no diferían mucho de la escuela de educación agrotécnica, donde yo me formé. También había oído comentarios que hacían referencia al nivel de su alumnado, a los que no presté demasiada atención. El curso que me tocó fue primero, y tenía un total de 16 alumnos empadronados pero, generalmente, nunca asistían más de diez alumnos a clases. En el interior del aula me fui dando cuenta de cuestiones que yo presuponía más fáciles. Por ejemplo el hecho de que sean, como mucho, diez alumnos me hacía presuponer determinada facilidad para mantener un determinado “orden”, pero no era así, ya que eran alumnos muy dispersos, atravesados en algunos casos por cuestiones familiares y sociales difíciles. Esta característica del grupo me llevó a tener que dividir a algunos alumnos que estando juntos era imposible ponerlos a trabajar y menos a escuchar. En mi caso prefiero siempre iniciar con interrogatorios didácticos y llevar adelante exposiciones y si bien, creo, que lo he podido lograr, tuve que hacerlo por menor tiempo y destinar el otro tiempo al desarrollo de actividades o trabajos grupales con entrega para poder hacerlos trabajar. Era muy difícil hacerlos copiar, algunos directamente no lo hacían, pero diciéndoles que la actividad era para entregar lograba que al menos se pusieran a escribir. He tenido algunas complejidades también con una alumna a la que le hablaba y no me contestaba o si me contestaba era para decirme que “no jodiera”, pude lograr a través de las clases llegar a entablar diálogo y por fin convencerla de que se pusiera a trabajar, luego me enteré hablando con ella, que no era muy común el diálogo en su casa. Tuve, también, otro caso en el que nunca había tenido experiencia, ni como alumno ni como estudiante del profesorado, de contar dentro del grupo con un alumno integrado (acompañado dentro del aula por una docente integradora), no se me presentaron grandes dificultades para poder comunicarme con el alumno ni para la transmisión de conceptos, sí se han presentado cuestiones disciplinares de sus compañeros para con él y de él para con sus compañeros, pero era algo común al grupo, ya que la mayoría de los alumnos tenían actitudes de este tipo entre ellos. En este aspecto también he hecho hincapié, logrando pequeños cambios y logrando que se vieran más como grupo. En líneas generales me fui bastante conforme con mi experiencia, pero debo reconocer que es demasiado complejo poder transmitir conocimientos específicos de la asignatura en algunos casos, como he tenido en este curso, donde uno tiene la posibilidad de comprobar que algunos alumnos tienen carencias de tipo económicas, afectivas o de contención y en donde considero indispensable tener un conocimiento de las realidades de los alumnos para poder “llegarles” y ayudarlos y luego sí intentar transmitirles o enseñarles las cuestiones concernientes a la asignatura.

1 comentario:

  1. Muy rica tu reflexión y como aporte pensar que dentro del marco de la formación ética y política de los educadores: la consideración de los otros, las expectativas frente a los alumnos, las relaciones con el poder y el saber que se establecen al interior del aula, las formas de convivencia y de trabajo que se proponen. Estas son, a juicio de muchos actores del sistema, cuestiones centrales para repensar las formas en que la escuela se posiciona frente a la desigualdad que vemos en las aulas.

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